El Cerco Duce de 1780

y el valioso centro histórico fundacional de Valdivia

De oriente a poniente, estos puntos de intervención:

1. Costanera Av. Prat, entre Condell y Mirador del Remo;
2. Condell, entre Av. Prat y Av. Picarte;
3. Av. Picarte, Torreón del Barro;
4. Errázuriz, entre 1° Comisaría y supermercado;
5. Anfión Muñoz;
6. Beneficencia;
7. Yerbas Buenas, tramo entre Anibal Pinto y Philippi;
8. Pérez Rosales, frente a Jardín San Francisco;
9. General Lagos, entre Yerbas Buenas y Cochrane.

Juan Garland y White. Plano y perfil de los Torreones. Valdivia 1774. Archivo Nacional, Santiago de Chile.

En 1780 el ingeniero aragonés Antonio Duce inició, por orden de la corona española, la construcción de un cerco para proteger Valdivia de posibles ataques.

Complementaria a la misión defensiva de los torreones, esta obra urbana de diferentes materialidades poco durables, desapareció lentamente durante el siglo XIX. Hoy ha sido señalizada como límite de un valioso centro histórico.

El Cerco Duce fue el límite del territorio urbano y colindaba con el extenso humedal o laguna de San Antonio, ubicado donde hoy encontramos el sector Barrios Bajos. Seguía el borde natural de las colinas y taludes, construyéndose con empalizadas, terraplenes y, en muy pocas partes, piedras.

Era el ocaso de la Colonia y el Cerco Duce nunca llegó a erigirse sobre cimientos apropiados y en materiales sólidos. Actualmente los únicos vestigios son el trazado mismo de la calle Beneficencia y sus callejuelas; la subida de Aníbal Pinto hacia Beauchef, antiguo portal de acceso, y el corte nítido del terreno en el Parque Harnecker.

El territorio que ocupa Valdivia ha sido un lugar habitado desde tiempos prehispánicos. Según las crónicas de Mariño de Lovera, previo a la fundación de la ciudad española por parte de Pedro de Valdivia en 1552, aquí ya existía un asentamiento indígena con viviendas, siembras, cementerio y espacios comunitarios.

Durante el siglo XVI, su cercanía con el Puerto y la Bahía de Corral la configuró como un punto estratégico para el comercio y la defensa del territorio. Hacia fines de ese siglo, en 1599, un gran alzamiento indígena destruyó Valdivia y la ciudad fue abandonada por casi medio siglo.

Su importancia geopolítica hizo que en 1645 una expedición refundadora llegara a la Bahía de Corral con los planos para construir allí un gran complejo defensivo, hoy conocido como los Castillos del Fin del Mundo. Paralelamente, en 1647, Constantino Vasconcelos fue el encargado de diseñar y construir la ciudadela de Valdivia, una pequeña villa que no superaba los 300 metros por lado.

Hacia fines del siglo XVIII la ciudad ya había crecido significativamente, contando con unos 3.500 habitantes entre españoles, mapuches y esclavos. Los lavaderos de oro ya habían desaparecido y la principal actividad económica era la maderera, incluyendo elaboradas piezas de mueblería y carpintería de ribera.

El temor a posibles ataques de corsarios o a un nuevo alzamiento general de los mapuches persistía. En 1599 no sólo habían arrasado Valdivia, también otras seis ciudades del sur. Ante esto, en 1767, una orden real instruye la construcción de un muro que cierre el frente de tierra de la ciudad, rodeada por extensas zonas de humedales y lagunas. Luego, en 1774, el gobernador Espinoza Dávalos ordena la construcción de dos torreones, hoy conocidos como “Del Barro” (calle Picarte) y “Los Canelos” (calle Gral. Lagos), principales testimonios materiales del pasado colonial que guarda Valdivia.

En 1780, el ingeniero aragonés Antonio Duce cumpliría la orden de 1767, iniciando la construcción de un cerco de distintas materialidades, que seguiría el perímetro de las colinas y taludes del territorio poblado. Los torreones, aunque sin relación estructural con la muralla, quedaron unos 30 ó 40 metros dentro de ésta.

Era el ocaso de la Colonia y el Cerco Duce nunca llegaría a erigirse sobre cimientos apropiados y en materiales sólidos. Tal vez los únicos cimientos más sólidos serían los dos malecones perpendiculares entre sí que luego originaron las calles Camilo Henríquez y parte de Yerbas Buenas. El cerco no fue durable y desapareció lentamente durante el siglo XIX.

El viajero alemán Paul Treutler observó restos de los muros cercanos al Torreón Los Canelos, alrededor de 1860. La muralla aparece por última vez en documentos de bienes raíces, en 1896 y 1912, en la mención de unos deslindes de terrenos cercanos al Torreón Del Barro.

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Intervención Urbana Zona Cerco Duce

Este trabajo señaliza e identifica la zona donde fue construido el Cerco Duce de 1780. Actualmente no conocemos vestigios materiales de esta obra urbana ni tampoco sabemos con exactitud su trazado definitivo. Sin embargo, el plano del proyecto de muralla desarrollado por Duce, superpuesto a un plano parcial de Valdivia de 1802, y a la actual traza de la ciudad, dan una idea de su localización.

El territorio protegido por esta Zona Cerco Duce, al ser el área fundacional de la ciudad, contiene múltiples capas de historia superpuestas. Este área no sólo guarda una historia urbana que hoy supera los 460 años, sino que también contiene valiosas huellas de la ocupación indígena precolombina en este valle.

Una muestra de este valor histórico es que cada cierto tiempo sale a la luz parte importante de nuestro patrimonio material, ya sea a través de investigaciones de arqueología urbana o de sorpresivos, aunque esperables, hallazgos. Es el caso del sitio Mirador Yungay con las valiosas piezas encontradas en medio de las obras del nuevo edificio de la Contraloría Regional, o bien la aparición de las ruinas del convento Santo Domingo, en medio de la construcción del hotel casino.

¿Qué hacer o no hacer con este valioso territorio céntrico fundacional?, ¿Qué resguardos se deben contemplar al momento de planificar e intervenir en estas áreas de alto valor patrimonial?, ¿Son sólo las obras arquitectónicas y sitios arqueológicos los que permiten conocer el valor histórico y patrimonial de estas áreas?, ¿Qué ocurre con los elementos intangibles de estos territorios céntricos?

Estas son algunas de las interrogantes propuestas por este trabajo de intervención urbana que, cada vez con más urgencia, busca fomentar un diálogo armónico entre nuestro pasado y el desarrollo actual y futuro de la ciudad. Esto, de cara a un crecimiento sustentable y respetuoso con nuestro origen e identidad dinámica y diversa. Un desarrollo sustentable que traería importantes beneficios a la ciudad y ciertamente a la calidad de vida de quienes la continuamos construyendo y habitando.